
Ray García G.
Diario El Mundo
Consolidado como una manifestación viva del arraigo, la unión y la economía campesina de la Congregación de Cecilio Terán, mejor conocida como Balastrera, este viernes arrancó el Festival de la Fresa 2025.
Al ser naugurada la tercera edición del festival, en una jornada encabezada por el presidente municipal, Ernesto Torres Navarro, y el agente municipal, Manuel Lázaro Peralta, destacaron el papel central que este cultivo juega en la vida de cientos de familias nogalenses.
“Aquí, la mayoría vivimos del campo y especialmente de esa fruta que nos ha dado tanto. La fresa no es solo un cultivo, es parte de nuestra historia, de nuestras raíces, de nuestra identidad”, expresó Lázaro Peralta, agente municipal.
Enclavada en la zona montañosa central de Veracruz, la comunidad de Cecilio Terán ha encontrado en la producción de fresa un camino de desarrollo local.
Esta actividad, que combina técnicas agrícolas tradicionales con el esfuerzo de generaciones, se ha convertido en una fuente clave de ingresos para decenas de productores, muchos de ellos organizados en cooperativas familiares.
Además, ha generado empleos en procesos como la siembra, cosecha, empaque y venta directa en mercados regionales.
El festival, que se celebra del 25 al 27 de abril, no solo busca promover el fruto rojo como producto de calidad, sino también visibilizar la cultura del campo, fortalecer los lazos sociales e incentivar el turismo solidario.
Durante la Feria hubo un desfile alusivo al producto, también hay exhibición y venta de productos derivados, talleres, espectáculos culturales y música en vivo.
“Apoyar estos eventos es reconocer el trabajo diario de nuestra gente del campo”, afirmó el alcalde de Nogales.
El cierre del festival contará con la participación de grupos musicales como Patrulla 81 y Sonido Pirata, en un evento gratuito y familiar que promete dejar huella.
En tiempos donde las comunidades rurales luchan por mantener su autonomía y dinamismo económico frente a múltiples retos, la fresa en Balastrera es más que una fruta: es símbolo de resistencia, de identidad compartida y de esperanza en el futuro.