Andrea Castillo
Es común que en San José Miahuatlán, las familias consuman el tradicional pan de burro, sin embargo ese alimento, desde hace décadas, también se consume en Tehuacán, municipios aledaños y en la Sierra Negra, este producto sube sus ventas durante la temporada de muertos y durante los meses friolento.
Se le llama pan de burro porque anteriormente, al no haber transporte, las familias se organizaban para vender su producto llevándolo en burros, de extremo a extremo se colgaban los canastos y se colocaban petates, después se cubrían y se llevaban hasta los lugares más recónditos, en donde era solicitado.
La familia Flores Galicia, desde hace cuatro generaciones hornea pan de burro y lo hace en cuatro diferentes sabores, uno de ellos es el pan dulce, el de panela sal y cemita, su base es la masa madre, esto ayuda a que este producto no se eche a perder con facilidad, se puede consumir después de unes.
Desde sus bisabuelos, Daniel Fierro y María Elías; sus abuelos, Eulogio Guzmán y Paula Fierro; sus papás, Manuel Flores y Ana Guzmán y ahora el hijo, Rafael Flores y su esposa Cecilia Galicia, han dado vida a esta tradición que por décadas ha caracterizado a este municipio.
Durante la elaboración de este pan la masa se pesa con una piedra y no en una báscula, sino en una balanza, la roca es heredada desde los bisabuelos de Rafael y pesa 3.5 kilos, para él la balanza es más exacta que una báscula y de esa cantidad de masa puede hornear hasta 14 panes.
"Si no lleva el sello del burrito no es de San José" comentó Rafael y es que esa imagen es particular del pan de burro y se reconoce por ese sello, si no lo lleva no es horneado en ese lugar.
La pieza de pan de burro grande cuesta 20 pesos y la del pan chico cuesta 10, en una jornada laboral, la familia puede vender hasta 600 piezas.