
De la Redacción
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) presentó los resultados de un estudio que utilizó su colección arqueozoológica para reconstruir el ambiente del valle de Tehuacán en los tiempos en que apareció el maíz.
El análisis se centró en aproximadamente 180 huesos de conejos y venados, especies herbívoras que permiten obtener una imagen confiable del paisaje vegetal y las condiciones climáticas de hace miles de años.
Andrew D. Somerville, profesor asociado de Antropología en la Universidad Estatal de Iowa, publicó los hallazgos en la revista Science Advances y concluyó que el primer maíz creció en un entorno excepcionalmente húmedo, con abundantes lluvias y vegetación rica.
En esa época, los grupos humanos aún dependían principalmente de la caza y la recolección, por lo que el maíz representaba solo una pequeña parte de su dieta. Siglos después, cuando la agricultura se intensificó, el clima comenzó a cambiar hacia condiciones más secas.
Las muestras óseas fueron procesadas en el Laboratorio de Isótopos Estables del Instituto de Geología de la UNAM. Mediante tratamiento químico se determinó la dieta de estos animales exclusivamente herbívoros, lo que permitió inferir la composición del ambiente antiguo.
Joaquín Arroyo Cabrales, jefe del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, explicó que se eligieron conejos y venados porque la mayoría de los ejemplares de la colección son de especies herbívoras, lo que ofrece múltiples ejemplos comparables.
Somerville añadió que estas dos especies son ideales porque viven más de un año, a diferencia de los roedores más pequeños que solo alcanzan seis meses y cuyos huesos no reflejan adecuadamente los valores químicos del clima general a largo plazo.
El estudio aporta evidencia clave sobre cómo el clima favoreció el surgimiento y posterior expansión del maíz en una de las regiones fundacionales de la agricultura mesoamericana.