Ray García G.
Diario El Mundo
Javier Velasco y su familia huyeron hacia la montaña para refugiarse al ver el peligro latente de la madre naturaleza durante la barrancada que tuvo lugar el pasado domingo 30 de junio.
"Primero vimos un río con el agua creciente, algo anormal que no se veía, luego escuchamos un gran estruendo", dijo, al referirse a todas las rocas y piedras que venían rodando desde la montaña de Omiquila.
En su casa el lodo alcanzó metro y medio, su vehículo no fue sepultado, ya que el agua lo hizo flotar y posteriormente quedó encima de todo el lodo y piedras.
En su interior de su casa el lodo no ingresó tanto, debido a que su puerta resistió, por lo que él no tuvo daños graves en sus muebles y enceres salvo el de su carro que se encontraba afuera.
Don Javier estaba con su esposa y sus tres hijos, al ver la furia de la naturaleza, decidieron salirse por la puerta trasera e irse a refugiar al cerro que se encuentra detrás de su casa.
"Le dije a mi esposa, solo llévate los papeles y vámonos para arriba del cerro", así en medio de la lluvia salieron y se alojaron en el monte.
La vecina de él no corrió con la misma suerte, toda vez que el lodo y piedras colapsaron la barda que le protegía a su casa y el agua entró a su vivienda.
"Estaban gritando, auxilio, ayúdennos, y mi esposa acudió a ayudarla para también refugiarse en el cerro", comentó.
En el cerro permanecieron hasta que la corriente de agua y lodo se detuvo y regresaron a su hogar.