Lunes 20 Abril 2026

Adriana Balmori de Amieva

Una gran desconocida para la mayoría de los mexicanos que sólo la identifican como la esposa de Benito Juárez, es Margarita Eustaquia Maza Parada, que nació en Oaxaca, el 29 de marzo de 1826, hace 200 años.

Su vida hasta cierto punto corta -vivió apenas 44 años-, fue intensa, estuvo llena de altibajos y siempre marcada por la inestabilidad política del país, todo esto inevitablemente por ser la esposa de Juárez. Le tocó vivir una guerra civil, una invasión extranjera, toda una época convulsa en el país y el caos de dos gobiernos paralelos; además, las estrecheces económicas, la angustia e inseguridad la persiguieron casi hasta el fin de sus días.

Era hija del italiano Antonio Maza y adoptada por su esposa Petra Parada, además de la educación refinada que recibía de ellos, de niña ayudaba en las tareas domésticas que estaban a cargo de Ma. Josefa Juárez, cuyo hermano, el joven Benito, llega a la casa proveniente de San Pablo Guelatao y ahí encuentra trabajo, años más tarde siendo él ya, “de letras y lecturas”, se casa en 1843 con Margarita cuando ella apenas contaba 17 años y él 37, le llevaba 20. Según se dice estaban profundamente enamorados.

Desde el principio Margarita tuvo que hacer muchas concesiones, como aceptar que Juárez había tenido ya dos hijos fuera de matrimonio: Tereso, quien muere muy joven en la guerra contra los franceses y Susana, que al parecer, era débil mental.
Los diez primeros años de su matrimonio fueron de aparente calma, pero en 1853, empieza a vivir su infortunio. Tuvo que reunir toda su entereza, para enfrentar los sinsabores y vicisitudes que le ocasionaron los cargos contra su esposo, sus varios encarcelamientos, el exilio y los largos viajes en que se quedaba sola y sin recursos para criar, educar y mantener a sus hijos.

Porque hijos tuvo muchos esta señora: en 1844 nació Manuela, en el 45 Felícitas, en el 47 Margarita, en el 49 Guadalupe, en el 50 Soledad, en el 51 Amada, en el 52 el primer varón, Benito, en el 54 las gemelas Ma. de Jesús y Josefa, en el 57 José, en el 60 Jerónima Francisca, y puesto que para entonces ya estaban promulgadas las leyes de Reforma, esta niña es la primera que aparece registrada en los libros del Registro Civil, y en el 64 nace Antonio, ¡doce en total! De ellos, cinco mueren en la infancia y de los cuales 2 fallecen cuando ella se encontraba sin su marido, exiliada con sus hijos y su yerno en los Estados Unidos.

También, esta valiente mujer había vivido sin su marido y con toda su prole en Etla, un pequeño poblado en Oaxaca, en una casa heredada por su padre, “y la señora vendía lo que podía, empeñaba lo que podía, pedía prestado lo que podía y hacía los trabajos que podía, como tejer ropa” dice uno de sus biógrafos, hasta tuvo que poner un tendajón tipo miscelánea, donde vendía hilos, pan, cigarros, golosinas; era de verdad luchona, y al contrario de su marido, buena administradora (recordemos que poco después de un año de la amortización de los cuantiosísimos bienes de la iglesia, Juárez ya los había malbaratado a unos cuantos terratenientes y ya estaba pidiendo dinero prestado), además, en muchas ocasiones tuvo que hacerle llegar dinero a su esposo o pagar para sacarlo de la cárcel, la penuria económica fue la constante en su matrimonio hasta que Juárez fue presidente de la República.

Además de ser una excelente madre que supo inculcar a sus hijos conocimientos, valores y virtudes con su ejemplo, fue una mujer de gran inteligencia y con conocimientos, comprometida con la causa de su marido; sus cartas nos hacen ver que ella estaba al tanto de sus actividades, lo aconsejaba y opinaba, pero además es palpable el entendimiento que había entre ellos y el profundo amor que se tuvieron siempre, en lo único en que no coincidieron, fue en sus creencias religiosas, Juárez fue siempre un masón, empedernido anticlerical, perseguidor de curas, frailes y monjas; ella en cambio, mujer de fe, comprometida con el amor al prójimo y a la caridad que pregona la doctrina de Jesús, tan fue así, que en su lecho de muerte pidió a su marido que no impidiera que sus hijos solteros se casaran por la Iglesia.

Después de hacer fusilar a Maximiliano, Juárez se instala como presidente y manda traer a su familia del exilio en Estados Unidos. Así llega ella con 7 hijos vivos y 2 embalsamados. Para entonces, la salud de Margarita ya está muy mermada, al poco tiempo los síntomas se hacen cada vez más graves y, sólo entonces, su marido, tozudo como era, consiente en cambiarse de casa, pues vivían en un entresuelo en el centro de la Ciudad de México -en modestas instalaciones que pertenecían al Palacio nacional y donde también habitaron otros presidentes que desde luego no son las habitaciones que ahora muestran como suyas en Palacio Nacional- ya que ninguno de los dos quiso vivir en el Palacio Nacional, ella menos que nadie, decía que era muy ostentoso vivir ahí; y es cuando se cambian a una casa grande, amplia y con jardín, en las afueras de la ciudad, en la calle de Puente Levadizo No. 4 junto al templo de San Cosme, donde Margarita estuviera más tranquila, pero como ella escribía: “mi naturaleza ya está muy gastada, siento que no aguanto más”…“no me sale el pesar de mis hijos muertos”; no hubo mejoría con el cambio de casa, al parecer el cáncer que no se había atendido estaba ya muy avanzado y murió el 2 de enero de l871. Según testimonio de los presentes, fue la única vez que vieron a Juárez desmoronarse, llorar y hasta gritar de dolor, y por única vez, durante una semana no trabajó, ni se apareció por su despacho.

Lo importante a resaltar de esta mujer es que todas las desgracias, penurias y sobresaltos que tuvo en su vida, los llevó con la entereza de un ideal, pero soportada y cobijada por una relación de amor y amistad con su marido y con sus hijos, enemiga de chismes, maledicencias e intrigas, aunque viviera envuelta en ellos. Seguramente ese aislamiento fue lo que hizo que su salud mental fuera mejor que su salud física.

Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía de Córdoba.
Academia Nacional de Historia y Geografía filial Veracruz

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